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2.9.11

Agresión a una periodista

[Artículo publicado originalmente en el Periódico Diagonal]

Patricia Horrillo es periodista. Ha trabajado para Público y El País en Barcelona y, actualmente, colabora con el medio digital Zona Retiro en Madrid. La noche del 17 de agosto, tras cubrir la manifestación laica fue detenida ilegalmente por un agente que la insultó y amenazó si no le mostraba su DNI. La reportera, que grabó con su teléfono un vídeo de la situación, ha presentado una denuncia a la que se han sumado las de otros dos periodistas que fueron agredidos por el mismo policía.

Patricia Horrillo. Pasadas las diez, me acerco hasta la confluencia de la calle del Correo con Sol y me quedo pegada a las vallas de protección policial grabando las cargas. Publico varios twitts y fotos.

No doy crédito a lo que está pasando y hago un vídeo de unos diez minutos intentando que no me tiemblen demasiado las manos. Veo a un equipo de Cuatro, un cámara y una chica alta y rubia, que intenta meterse en medio de los antidisturbios y cómo les sacan aludiendo a su seguridad. Me sorprende el sonido de botellas de cristal llenas estampándose contra el suelo bastante cerca de donde yo estoy. Cuento unos cinco botellazos.

Dos furgones avanzan y se colocan a pocos metros de donde me encuentro. La calle del Correo se ha quedado bastante vacía y una línea de antidisturbios impide entrar a Sol por ella. Sigo observando: llega el SAMUR y un hombre, al que le habían dado con las porras, le explica a un sanitario dónde le duele y pregunta qué clase de lesión le pueden haber producido. El paramédico le tranquiliza diciéndole que no hay rotura de fibras. Se alejan y me quedo sola en esa esquina entre los furgones y los antidisturbios.

Un policía blandiendo un palo
Veo a un agente sin casco y con un palo blanco bastante largo blandiéndolo a modo de espada. De repente, repara en mí y me pregunta qué hago ahí. “Soy periodista, estoy grabando y sacando fotos de lo que está pasando”. “No tienes permiso para grabar”. “¿Cómo que no? Estoy en la calle”. “¿Para qué medio?” “Soy periodista independiente. Colaboro con un diario local”. Niega con la cabeza mientras mira mi identificación, que llevo colgada del cuello y en la que están mis datos: nombre y apellido, DNI, foto y acreditación de freelance. Viendo su actitud desbloqueo el móvil y me pongo a grabar por lo que pueda pasar.

Estalla cuando le pido
que no me levante la
voz: “¡Que no te levante
la voz! ¡Como te meta
una hostia, vamos!”

De repente, el policía me saca violentamente la identificación del cuello y, pese a que le pregunto repetidamente por lo que está haciendo, no me responde. Veo que apunta algo en una libreta y me fijo en que lleva la identificación aunque no alcanzo a ver los números. Me dice que le faltan datos: el nombre de mis padres y mi dirección. No me dice por qué necesita identificarme, sólo que saque mi DNI, gritándome.

Estalla cuando le pido que no me levante la voz “¡Que no te levante la voz! ¡Como te meta una hostia, vamos!”. No me creo lo que me está pasando y respondo con incredulidad “¿Qué me acaba de decir?”. Una sensación de irrealidad me inunda cuando el policía que me acababa de amenazar les dice a otros agentes que me pongan las esposas. Me agarran por ambos brazos y me arrastran al furgón. Agarro el móvil como si me fuera la vida en ello y,aunque lo intentan, no me lo consiguen quitar. Tengo miedo de que se den cuenta de que estoy grabando y consigo apagarlo. Cuando abren la puerta del furgón, veo a un chico boca abajo, sin camiseta y con las esposas puestas. Me empujan hacia dentro y me golpeo en las espinillas.

Entonces veo dentro a otro agente, vestido con una camiseta amarilla y con un pañuelo que le tapa la nariz y la boca. Mira hacia mí y comienza a gritar como un loco: “¡A ésa ponerle las esposas!”.

Tengo asumido que puedo acabar en comisaría pero mi miedo es que me dejen sin el móvil y que vean que he grabado todo eso.

Pienso que, si se dan cuenta, no sólo lo van a borrar, sino que me pueden hacer pagar el atrevimiento.

Grito como puedo “¡Saco el DNI! ¡Saco el DNI!” y consigo que me suelten los brazos. Aprovecho para sacar de su vista el móvil y me lo meto en mi riñonera a la vez que cojo mi monedero. Tengo muchos papeles y tardo unos momentos en encontrarlo. Según lo saco, el mismo agente que me había amenazado me lo arranca de los dedos. Se da la vuelta y se apoya contra el capó del otro furgón. Esos minutos los percibo como una eternidad.

Seguía sin entender qué estaba pasando y mi cabeza no consigue atar más cabos. El policía se da la vuelta y me encara: “¡Ahora vas a hacer exactamente lo que yo te diga! ¡Vas a coger esto (en alusión al DNI) y te vas a ir al final!”. “¿Al final de dónde?”. “¡De la calle!”. Me devuelve el carné y la identificación y yo me meto ambas cosas en la riñonera.

Empiezo a caminar sin sentir los pies. Otro antidisturbios me escolta fuera del cordón policial. Le miro, sin comprender, y le pregunto llorando: “¿Por qué estáis haciendo esto? ¡¿Por qué?!”. El agente me intenta calmar: “Tranquilícese, señorita, no pasa nada, váyase ahora”. Puede que me equivoque, pero en su mirada pude ver que tampoco él entendía qué estaba pasando.

18.8.11

Por qué la manifestación laica terminó en revuelta policial

[Artículo publicado originalmente en ZonaRetiro.com]

P.Horrillo.- La agrupación Europa Laica con el apoyo de un centenar de colectivos, entre los que se encuentran Redes Cristianas, convocó este miércoles una manifestación en contra de la inversión económica pública a las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ) y la visita del Papa Benedicto XVI. Bajo el lema (de la manifestación y del manifiesto) “De mis impuestos, al Papa cero”, cerca de 10.000 personas se manifestaron por un recorrido que no estuvo exento de confrontaciones con participantes de las jornadas católicas y que increpaban a los manifestantes cuya presencia en el centro de la ciudad estaba legitimada por la Delegación del Gobierno.

Una hora antes de la establecida para iniciar el recorrido (19:30 horas), la Plaza de Tirso de Molina era ya un hervidero de gente. Carteles con consignas relativas al laicismo y a la separación real del Estado y la Iglesia (en un país declarado aconfesional) eran levantados por manifestantes cuya media de edad era muy superior a la de otras concentraciones de los pasados meses convocadas por el movimiento 15M. Un elemento llamativo fue un enorme cartel colocado en una gran estructura móvil por el actor italiano Leo Bassi que parecía sacado de un combate de boxeo. Bajo el título “Choque de titanes”, Bassi proponía un enfrentamiento entre el escritor alemán Stéphane Hessel, autor del texto ¡Indignaos!, y al actual Papa Benedicto XVI, Joseph Ratzinger.

Foto: @patrihorrillo | CC BY/SA

Tanta gente en Tirso de Molina dificultaba saber cuándo había salido la marcha ya que continuaban llegando manifestantes desde las calles aledañas y nadie parecía moverse. Sin embargo, el recorrido se había iniciado a la hora prevista y cientos de personas se movían lentamente por la calle Doctor Cortezo en dirección a la Puerta del Sol, ocupando ya también la plaza de Jacinto Benavente.

La llegada a Sol por Carretas fue tranquila, y los manifestantes iban caminando en actitud festiva. Sin embargo, y pese a que la Delegación del Gobierno conocía el trazado de la manifestación y había sido aprobado, el centro de la capital madrileña no había sido convenientemente preparado por la Policía para facilitar el paso de los manifestantes. Muchos participantes de las JMJ se concentraron delante de la gente que venía de Tirso de Molina y empezaron a increparles montando una “contramanifestación” que generó momentos de gran tensión.

Puerta del Sol. Foto: @patrihorrillo | CC BY/SA

La Policía creó un cordón que separaba ambas concentraciones aunque esto no impidió que de ambos grupos se profirieran toda clase de gritos, consignas e insultos. Ante las proclamas a “Benedetto” los manifestantes laicos respondían con “¡Pederasta!” o “¡Vuestro Papa es un nazi!”. La intervención de los agentes no impidió que el ambiente se caldeara y, al no tomar una rápida medida de limitación de acceso a Sol a aquellos que no pertenecían a la manifestación prevista, lo festivo se tradujo en crispación. Cuando, por fin, la Policía abrió una vía de salida para que la manifestación pudiera continuar su recorrido, la indiganción de los manifestantes se palpaba en el ambiente: el sentimiento era que, aún siendo una movilización prevista y legal, había sido boicoteada, por lo que gritaban “¡Esa manifestación es ilegal!” a los frentes de peregrinos que con sus camisetas amarillas abucheaban a los de la protesta.

Puerta del Sol. Foto: @patrihorrillo | CC BY/SA

Pese a que la marcha debía terminar nuevamente en Tirso de Molina, mucha gente decidió quedarse en la Puerta del Sol y seguir manifestándose en la emblemática plaza contra “los favoritismos que los miles de pregrinos han recibido por parte del Estado español”: según los convocantes, la reducción de un 80% en los abonos de transporte, descuentos en comidas, escuelas y polideportivos cedidos gratuitamente para su descanso, etc. Pese a los gritos de “¡Esta no es vuestra plaza!”, “¡A rezar a vuestras iglesias!” o “¡Esa mochila, la he pagado yo!” de algunos exaltados, la mayoría de los manifestantes estaba sentada pacíficamente en el suelo.

Foto: @patrihorrillo | CC BY/SA

Viendo esa situación, nadie podía imaginar que decenas de efectivos de antidisturbios estaban cortando las calles de acceso a Sol y preparándose para cargar contra la gente pacífica y desarmada. Desde la calle Mayor, decenas de manifestantes empezaron a correr en todas direcciones cuando la Policía empezó a cargar contra ellos. Pero, los que se dirigían hacia el centro de Sol se encontraban con que no había salida: todo estaba rodeado de antidisturbios y furgones y las cargas fueron indiscriminadas.


NOTA: retenida por la Policía
Antes de poder terminar de desarrollar la labor periodística que estaba llevando a cabo, la redactora que firma esta pieza fue retenida por la Policía que, por ser independiente y colaborar con un medio digital que el agente no conocía, consideró su labor ilegítima. Este funcionario le quitó del cuello la identificación que ella lleva (en la que pone su nombre y su DNI con una foto) y empezó a apuntar sus datos. Pese a que la periodista le preguntó en varias ocasiones la razón por la que estaba apuntando sus datos, el agente se negó a contestar, y cuando le pidió el DNI aludiendo que le faltaban datos y ella le preguntó el motivo y le pidió que no le levantara la voz, la respuesta del agente, que la agarró fuertemente del brazo fue “¡¿Que no te levante la voz?! ¡Como te meta una hostia, verás! ¡Saca el DNI ya!”. En ese momento, la redactora fue arrastrada por dos agentes hacia un furgón policial para detenerla; al abrir la puerta del furgón, un agente de paisano y con la cara tapada por un pañuelo empezó a gritar a sus compañeros “¡Ponerle las esposas a esa de una vez!”. Sólo al sacar el DNI (arrancado de sus manos por el agente) los demás antidisturbios pararon de zarandearla.