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28.7.11

«Hija, lo mejor es pasar desapercibida»

Desde el colegio cuestioné la autoridad y mis padres no me entendían. Ellos procuraban hacerme comprender que enfrentándome a ellos o a los profesores no conseguiría nada. Sin embargo, para mí estaba claro que la autoridad se la debían ganar: si era impuesta, no era legítima. Y veía cómo la gente de mi generación no se rebelaba contra nada; vivían bien, salían de marcha, se divertían... En definitiva, no percibían la necesidad de luchar por algo.

Nuestros padres eran hijos de una dictadura y habían aprendido a callar y no cuestionar el entorno en el que vivían ni a sus mayores. Hablar de política no estaba bien visto y nadie osaba hablar de tú a tú a políticos o policías. Por eso, cuando llegó la Transición y la Democracia, las enseñanzas a las nuevas generaciones (que no habían sufrido una represión) eran claras: mantener la cabeza gacha y evitar problemas.

Las últimas décadas nos demuestran que los problemas los estamos teniendo por haber considerado que la Democracia formaba parte de nuestras vidas y no había que luchar por ella cada día. Y ahora nos encontramos con una sociedad desconectada de la vida política de su barrio, que ignora sus derechos y que es víctima de un sistema al que había abrazado por no cuestionar su validez.

Hace años, en un viaje a Argentina me advirtieron: “Si te pierdes o te roban, no vayas jamás sola a decírselo a un policía”. Aquello me dejó impresionada y pensaba lo afortunada que era por vivir en España y tener unos agentes a los que no temía. Pero claro, ¿cuándo había tenido yo que hablar con un policía? Cuando había ido a Comisaría a renovar mi DNI. Hasta hace una semana, ni siquiera yo me había sentido intimidada por un agente.



Es desastroso que una sociedad tenga miedo de aquellos que teóricamente están para proteger a la ciudadanía. Me consuela pensar que, como en todo colectivo, existen individuos que no están de acuerdo ni con las cargas policiales, ni con las acciones llevadas a cabo durante los desahucios, ni con las identificaciones racistas. Sin embargo, ojalá hubiera un apoyo más claro a las ideas quincemayistas por parte de los sindicatos mayoritarios de la Policía, y se diera así un paso en favor de la defensa del pueblo. Si no, acabaremos concluyendo que son los seguratas privados de los bancos y de los políticos, y eso nos obligará a echar un pulso que no podrá ser pacífico.

7.5.11

El orgullo de matar

Desde el pasado 2 de mayo no salgo de mi asombro. Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos y premio Nobel de la Paz desde 2009, anuncia con orgullo que su ejército ha matado a Osaba Bin Laden. Una ola de alegría inunda las calles de Nueva York y los ciudadanos hacen gala de su bandera. El villano ha muerto. Y, en palabras de Obama, "se ha hecho justicia". Yo me pregunto qué clase de justicia existe en una ejecución. Y quién puede pensar que este asesinato va a ayudar en grado alguno a eliminar el terrorismo. De repente, parece que los presidentes de todos los países democráticos se han vuelto ingenuos y confiados, y aplauden al "héroe".

El País 10-05-2011


Mi asombro ha ido pasando a indignación con el paso de los días hasta que, esta mañana, he escuchado en la radio una entrevista a un misionero español que vive en Pakistán. Ha explicado las cosas desde la perspectiva de alguien que trabaja en ese país desde hace años. Me quedo con la respuesta a "¿Qué le ha parecido a usted la forma en la que ha muerto Bin Laden?". El misionero ha respondido así: "Sinceramente, lo que a mí me preocupa ahora mismo es cómo voy a hablar con los padres de uno de mis alumnos que se suicidó la semana pasada". Demoledor.

En ocasiones, nos preocupamos en analizar la muerte de un personaje público y nos olvidamos de lo que significa la vida para el resto de los mortales. Este hombre, con sus palabras, ha expuesto una realidad que desconocemos la mayoría de occidentales. Al parecer, los jóvenes pakistaníes abandonan su país, con una tasa de alfabetización bajísima, para encontrar una vida mejor.

Me sigue preocupando cómo se ha frivolizado la muerte de un ser humano, pero también entiendo que es desproporcionado el valor que se le da a un individuo cuando existen problemas muchísimo más complejos y que no se alivian por acabar con una vida.

31.7.08

Cárcel por agresión para tres mossos

[Artículo publicado originalmente en el diario Público]
PATRICIA HORRILLO - BARCELONA - 31/07/2008 21:49

Los agentes, que no estaban de guardia, detuvieron y golpearon a un joven


José Antonio M. fue detenido ilegalmente en una discoteca de Barcelona y, una vez en las dependencias policiales de Les Corts, golpeado por los mismos Mossos d'Esquadra que le habían arrestado. Por todo ello, la Fiscalía pide tres años y medio de prisión y nueve de inhabilitación por el delito de detención ilegal para los tres agentes, y un año más de cárcel y tres de inhabilitación, para dos de ellos por otro delito de lesiones.

Los hechos ocurrieron el 2 de junio de 2006, cuando tres agentes de la policía autonómica catalana que se encontraban fuera de servicio se vieron envueltos en una pelea con un amigo de José Antonio, en el interior de la sala Bikini de Barcelona. Cuando el joven, que luego fue detenido, intentó calmar los ánimos y apartarlos, uno de los agentes cayó al suelo, lo que produjo que la situación empeorase.

Los servicios de seguridad de la discoteca expulsaron a todos del local y, pese a haber llegado una patrulla de los Mossos, los tres agentes de paisano fueron los que detuvieron a José Antonio.

El joven fue trasladado a la comisaría de Les Corts, donde se prohibió la entrada a los amigos que querían acompañarle. Una vez allí, dos de los agentes llevaron a José Antonio al calabozo, donde le golpearon en la cara y en los costados durante unos 15 minutos.

16.7.08

18 años por matar a un bebé

[Artículo publicado originalmente en el diario Público]
PATRICIA HORRILLO - BARCELONA - 16/07/2008 21:39

El procesado agredió al hijo de su pareja porque le hizo perder una partida de la videoconsola


La Audiencia de Tarragona ha condenado a 18 años de prisión a Luigi Durán Guzmán, el joven que mató al bebé de su pareja porque le había hecho perder una partida de la Play Station al tocarle el mando. La sentencia aclara que se podría haber evitado la muerte del niño si el procesado lo hubiera atendido tras el incidente, en lugar de seguir jugando. Los hechos ocurrieron el 1 de septiembre de 2007, cuando Durán, de 19 años, se había quedado a cargo de Yomar José, el bebé de 11 meses de su compañera Yessica Helaine F. A., en su domicilio de Reus (Tarragona). Al mediodía, Durán, que había hecho otras veces de canguro, jugaba una partida del Mortal Kombat en su videoconsola cuando el bebé le hizo perder el juego. Este fue el motivo por el que Durán golpeó a Yomar José en el abdomen, en la espalda y en la cabeza, provocándole las lesiones que, más tarde, acabaron con su vida.

Enajenación mental

Tras la paliza, Durán dio un baño al bebé para espabilarlo, lo dejó en la cama arropado y, pese al llanto, continuó jugando. Cuando su pareja llegó y pidió a Durán que despertara a Yomar José para comer, el bebé no reaccionó. Aunque lo llevaron al hospital inmediatamente, no pudieron hacer nada para salvarlo. El pequeño murió como consecuencia de los golpes que le habían producido una hemorragia interna. Según los argumentos expuestos por los psiquiatras durante el juicio, el procesado no padece ninguna enfermedad mental. Y, pese a llevar jugando varias horas, el hecho de perder la partida no le pudo producir un estado de enajenación mental, como había argumentado la defensa. Un estado de esas características "no sería compatible con el hecho de que el acusado luego bañó al bebé, lo acostó y continuó jugando la partida en la videoconsola Play Station. Su comportamiento tampoco sería compatible con que luego fuera capaz de recordar lo acontecido ante la Policía", sostiene la juez que ha instruido el caso.

Una agresión cruel

Por el daño ocasionado, Durán deberá indemnizar con 95.000 euros a la madre del bebé fallecido, Yessica Helaine F. A., quien continua manteniendo una relación afectiva con el condenado, fruto de la cual nació recientemente una niña. La Fiscalía, la acusación particular y la popular, ejercida por la Generalitat, habían solicitado una pena de 24 años de prisión al considerar que el procesado fue autor de un delito de asesinato con los agravantes de parentesco y de ensañamiento. Sin embargo, la juez descarta ese último punto porque no se ha podido probar que el asesino fuera consciente o quisiera provocar un sufrimiento adicional al bebé. "No hay dudas de la crueldad de la agresión, pero no toda acción cruel permite afirmar la existencia de ensañamiento", concluye.

13.5.08

No saludar al vecino

Hoy, el diario El País ha publicado, en la sección ‘vida&artes’, un reportaje sobre la violencia de género. Lo presenta en portada con el título “Rechazo social contra la violencia”, y el subtítulo “Aislar al maltratador ayuda a combatirlo”. El reportaje, a doble página (30-31), viene precedido por un gráfico sobre ‘La violencia machista en España’ que contempla las víctimas mortales entre los años 2000 y 2008. Sin embargo, el titular del reportaje ha sido cambiado en el interior y reza así: ‘Tu vecino es maltratador. ¿Todavía le saludas?’. Pese a que todo el reportaje se apoya en testimonios de profesionales relevantes en este ámbito (el nuevo delegado contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, el director del Instituto de Psicología de la Violencia, Andrés Montero, la psicóloga Mar Rodríguez Villaver, que trabaja en la cárcel de Pereiro de Aguiar (Ourense) en los programas de reinserción de maltratadotes, y José Luis Díez Ripollés, catedrático de Derecho Penal y director del Instituto Andaluz de Criminología) el tono es bastante alejado de la neutralidad periodística y tiene unos tintes agresivos impropios de un estilo informativo. En esta línea, poco rigurosa y que juega con las emociones, en la página de la derecha, acompañando al texto, aparece un dibujo de una pareja bailando en la que el hombre es una imagen de la muerte.

Es difícil ser riguroso cuando, sobre cualquier tema, tan solo se expone una posición. En este caso, la periodista que firma la pieza ha decidido tomar partido (ella misma) en la lucha contra la violencia de género, incitando a la ciudadanía a aislar y marginar a los sujetos que corresponden con el perfil (aparentemente claro e inequívoco) del maltratador. Trascribe las palabras de Miguel Lorente en las que equipara este colectivo al de los terroristas porque “encuentran justificación para sus crímenes en la defensa de unos principios que tratan de imponer porque son los correctos”. Sin embargo, esta idea sólo parece reforzada por Andrés Montero cuando dice que “La sociedad tiene que hacer el mismo clic que se ha hecho en este país con el terrorismo.” Pero no se refiere a que los maltratadotes sean terroristas, sino a que el rechazo a ese tipo de violencia tiene que ser de la misma magnitud. Es evidente que, pese al matiz, a la redactora le interesaba remarcar este punto.

No se trata de justificar a un criminal, pero debería mostrarse una perspectiva menos sesgada. ¿Quién podría no compartir el dolor expresado por la protagonista central de este reportaje, la hija de una mujer que murió a manos de su marido? Es evidente que la violencia de género (como cualquier tipo de violencia, por otro lado) es una lacra social contra la que hay que luchar. Pero la historia también ha demostrado que marginar a los elementos que producen un desequilibrio no soluciona el problema. No estaría de más que se mostraran estudios sobre las relaciones de pareja y la falta de comprensión entre los géneros. Y, para ofrecer una visión más completa, habría que consultar expertos que nos ayudaran a comprender por qué las víctimas de los malos tratos (eminentemente mujeres) permiten el maltrato en todos sus grados: la violencia física es tan solo la punta del iceberg.